
Los 72 migrantes, 58 hombres y 14 mujeres, procedían de Honduras, El Salvador, Guatemala, Ecuador, Brasil e India, y se encontraban en tránsito en México en su ruta hacia Estados Unidos.
El grupo fue interceptado por miembros del cártel de los Zetas. Tras exigirles dinero o involucrarse en las actividades delictivas del cártel, algo a lo que se negaron los migrantes, el grupo fue recluido en una bodega.
Allí, según relató el único sobreviviente de la matanza, fueron maniatados y encapuchados. A continuación, los ejecutaron de una ráfaga y luego los remataron uno a uno.
El Pontífice subrayó que “eran personas de diferentes países que buscaban una vida mejor. Expreso mi solidaridad a las familias de las víctimas que todavía hoy invocan justicia y verdad sobre lo sucedido. El Señor nos pedirá cuentas de todos los migrantes caídos en los viajes de la esperanza. Han sido víctimas de la cultura del descarte”.
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